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lunes, 28 de marzo de 2011

¿Más o menos controles?

La evaluación es, para mí, uno de los temas más complejos del proceso de enseñanza-aprendizaje. Saber evaluar y cuándo ve trae de cabeza. Ojalá los centros educativos pueden cambiar algún día de perspectiva y se suprima o se focalice de otro modo la evaluación.
En todo caso, en el instituto de secundaria en el que estoy, creo que hago menos controles que mis colegas. Por lo que me dicen, ellos suelen hacer cada dos semanas controles de una media hora para ver si los alumnos han aprendido (¿memorizado?) la lección hasta ese momento (conjugación, vocabulario, etc.).
Yo, en cambio, les envío cosas para hacer en casa (que muchos "olvidan" de hacer) y solo suelo hacer dos exámenes por trimestre. Sin embargo, no sé si estoy haciendo lo correcto (¿acaso alguien puede saberlo?).
Me explico: con unos alumnos estamos trabajando la visión que tienen sobre el futuro y hemos trabajado la conjugación del futuro, los marcadores de futuro, las predicciones, los marcadores de hipótesis, el futuro como hipótesis para presente, cuando + presente de subjuntivo (conjugación) ... mucha tela. Y, en vez de hacer controles para ver si han aprendido lo que vamos estudiando, les hago un examen donde todo entra y donde todo lo relaciono. Sin embargo observo que hay alumnos que, por lo visto, ya ni siquiera se acuerdan de lo que hicimos al principio y que solo se pondrán las pilas cuando llegue el momento del exámen.
Así pues me estoy planteando el hecho de ir haciéndoles controles para ver si van siguiendo lo que se ve en clase. De ese modo puede que tanga una visión más general de lo que van aprendiendo, aunque me temo que más que aprendizaje en muchos casos haya un buen trabajo de memoria.

miércoles, 21 de julio de 2010

Evaluación del año

Ha sonado el timbre que otorga poder levantarse tarde, atacar a la pila de libros pendientes, dormirse ante la tele, tomar el sol, echarle la mochila a la espalda... Pero también es hora de echar una mirada atrás para ver el camino recorrido durante este año, de hacer un balance académico y humano de lo que supone ser profesor de una lengua extranjera.
Lo primero que tengo que destacar es que, finalmente, he podido hacer todo el año escolar en un mismo instituto de secundaria, y ha sido toda una experiencia. Qué os voy a decir de esos alumnos y alumnas que desbordan testosterona (y ¿entusiasmo?) en las aulas que no sepáis. Pero bueno, dejando a pie de página (pero no en letras pequeñas) algunos momentos de desesperanza (¿no habéis visto mi calva?) y de falta de motivación, lo vivido no fue del todo insoportable. Tengo pendiente colgar los trabajos más destacados de mis alumnos que son, en cierto modo, un reflejo de mi enseñanza.
Ýa he hablado un poco aquí de cómo se suele enseñar el español en la enseñanza oficial francesa y de mi rechazo a tal metodología, y creo que algunos alumnos han agradecido que mis clases no fueran convencionales y que en ellas pudieran utilizar las nuevas tecnologías. Sin embargo sé que me queda mucho por aprender y que mis sensaciones no han sido tan buenas, sobre todo con el uso de las nuevas tecnologías y el modo de evaluar. Pero el mayor escollo ha sido, una vez más, la disciplina. Siempre la disciplina. Cómo ser general cuando no tengo graduación (ni ganas) ni para ser soldado raso.
Muchas dudas, preguntas, proyectos que, aún a mi pesar, me acompañarán en este periodo de "desconexión" llamado vacaciones.